miércoles, 21 de diciembre de 2011

Fred Johnston






"El mar no es un lugar para estar, si uno puede evitarlo..."
—W. H. Auden, The Enchafèd Flood


Yo soy el mar, dijo ella: ven a nadar en mí.
Recuerda la excelente disertación de Auden

yo soy el cambio y la agitación, las cosas alteradas
lo contrario absoluto de la estabilidad.

Yo soy la luna, las mareas, la caracola que surge
de la mera imaginación — desprecio la roca

asentada en su solidez como una proposición
matemática — yo soy algo

muy distinto. Ella extendió los brazos
e hizo una pirueta en la arena mojada, blanda,

de nuevo con esa risa que yo conocía de la música
cuando cada instrumento le informa

al otro sobre el milagro de la armonía
y el tono. Somos demasiado inteligentes

para despreciar la luz de luna, dijo ella, nos
descubre, es fuego convertido en plata

por alquimia. Mira cómo pinta
mis uñas, y he vivido en cuevas

de fuego puro, soy peligrosa e inmune
al orden común y las retricciones sociales —

una brisa marina nos despertó, arena en nuestro pelo
sus brazos estaban sobre mí, y dijo susurrando

que el amor era caos, turbulencia,
la noche era su vía natural —

letras demenciales grabadas en nuestra piel
nuestras lenguas resecas lamieron sal

nos quitamos la arena de los ojos y escuchamos
el arrullo entrecortado de los barcos que venían.


Fred Johnston, Belfast, Irlanda del Norte, 1951
reside en Galway, Irlanda del Sur
Versión © Gerardo Gambolini
imagen: Moon Over Beach, Owl’s Flight Photography
Image under Creative Commons License


Transfiguration

‘The sea is no place to be if you can help it...’
—W. H. Auden, The Enchafèd Flood

I am the sea, she said: come swim in me.
Remember Auden’s dreamy dissertation

I am change and upheaval, things disturbed
the living opposite of stability.

I am moon, tides, the shell forming
from sheer imagination — I despise the rock

that sits in its solidness like a proposition
of mathematics — I am something

very different. She stretched out her arms
and pirouetted on the soft, et sand,

with that laugh again I’d had known in music
when each instrument informs

the other of the miracle of harmony
and tone. We are too quick

to despise moonlight, she said, it finds
us out, it is fire turned by alchemy

into silver. Look how it paints
my fingernails, and I have lived in caves

of pure fire, I am dangerous and immune
to common order and civil restraints —

a sea breeze woke us, sand in our hair
her arms were over me and she murmured

that love was chaos, turbulence,
night was its natural thoroughfare —

letter of lunacy burned on our skin
our parched tongues lapped salt

we wiped sand from our eyes and heard
the breathy lullaby of boats coming in.



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